Pues sí, en este país nuestro que Dios bendiga, como no dimite ni "el potito", cuando dimite un viceministro, un secretario de Estado de la Defensa, un mariscal-civil con más entorchados de ordeno-y-mando que un almirante, primero nos quedamos de un aire; después pensamos mal: "este tío desembarca en ruta, antes que el barco se hunda"; o hacemos análisis político: "¡evidente! no quiere responsabilizarse de las negociaciones sobre las bases-USA..." y nos quedamos con la almendra de la gran perplejidad: "¿cómo el Gobierno socialista retuvo y encumbró a un hombre sin carné, encomendándole tantos "secretos de Estado" y tantos "negocios de Estado..." y cómo le deja irse ahora tan campante, en pleno revés electoral?"...
© 2001-2026 Fundación Dialnet · Todos los derechos reservados