Freud, después de haber hecho un enorme acopio de los conocimientos técnicos y experimentales de las pasadas generaciones, afirmó que existían, en la intimidad de la organízacíón animal, una cadena de órganos secretantes de sustancias especiales, que parecían obrar de común acuerdo en la al parecer heterogénea labor de dar vida a la manifestación de los actos humanos, desde sus formas más elevadas, hasta aquellas que parecen de un orden puramente mecánico.
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