La salud está basada en la prevención y en el cuidado apropiado de los enfermos. Para poder ofrecer un cuidado óptimo se requiere, por una parte de un sistema de salud funcional; pero por otra parte es necesario que los clínicos seamos capaces de realizar una adecuada recopilación de información, una toma correcta de decisiones y que tengamos competencia terapéutica. El siglo pasado fue testigo de un progreso enorme en la prevención de enfermedades, en la recopilación de información y en avances terapéuticos. La toma de decisiones quedó en la orfandad. Esto no deja de ser increíble, considerando que todos los clínicos estamos cada día confrontados con ésta. La causa fundamental puede ser atribuida a dos hechos. Por un lado, hay una brecha enorme entre el lenguaje empleado y el necesario para comunicar y comprender los conceptos en la toma de decisiones. Por otro lado, la teoría de decisiones no ha penetrado en la práctica médica y ni siquiera en las facultades de medicina.
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