En abril de 1931, las fuerzas democráticas liquidaron el sistema político pseudoparlamentario instalado en España desde 1876. Con el nuevo régimen republicano, nacía un nuevo sistema de partidos caracterizado por la bipolarización y el multipartidismo extremo, que dificultaron la labor reformista y modernizadora de las Cortes Constituyentes, realizada en medio de un clima de crecientes tensiones sociales. Tras la etapa contrarreformista del «bienio negro», las elecciones del «Frente Popular» consumaron la desaparición del centro político y dieron de nuevo la hegemonía a unas izquierdas unidas sólo por un pacto electoral. Pero la bipolarización desembocó en la guerra y en la liquidación definitiva de la experiencia democrática
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