La Historia Social viene produciendo una visión excesivamente funcionalista y voluntarista de las prácticas económicas, sociales y políticas de la nobleza feudal durante las Edades Media y Moderna; este enfoque no pareca el más adecuado para dar cuenta de los procesos de cambio social y la evolución de las estructuras de poder en la larga duración. Conviene, por tanto, plantear algunas modificaciones a este esquema, concretamente la idea de que la acción social y la reproducción global de la nobleza tienen lugar en un ambiente de fuerte competencia entre los miembros de la clase dominante.
Dicha competencia se promueve a partir de las organizaciones patrimoniales de los nobles, es decir, la Casa señorial; ésta poseía una doble orientación contraria y complementaria: por una parte, hacia la acumulación y maxímización patrimonial; por otra, hacia la redistribución de recursos entra los miembros del linaje y la clientela. De esta forma, las relacionas de parentesco y las relaciones de servicio a la Casa están teñidas de competencia y reguladas por mecanismos de redistribución.
Incluso las relaciones nobleza-monarquía se plantean en cierta medida entre unidades patrimoniales acumulativas y radistributivas, por lo que es posible comprender mejor la historia política a través de una mayor teorización de estos aspectos. En última instancia lo que se plantea es el problema del cambio en las relaciones entre personas, desde al servicio patrimonial medieval personal hacia la responsabilidad pública contemporánea
© 2001-2026 Fundación Dialnet · Todos los derechos reservados