A partir del caso de una familia de mercaderes de Castellón, se pueden conocer las inversiones y la actividad política que, durante al siglo xv, permitió a la oligarquía local de las pequeñas ciudades valencianas asegurar su hegemonía sobre el resto de la comunidad e incluso promocionarse a la condición de caballeros. El control del mercado de productos agrarios de corto radio -en pequeñas ciudades de rasgos rurales- se completaba casi la explotación de sus tierras y la gestión de propiedades reales como molinos, hornos y carnicerías. Por otra parte, la disponibilidad de capital líquido y el conocimiento del funcionamiento del mercado les facilitaba al arrendamiento de la fiscalidad real y municipal y el préstamo a deudores privados y públicas. Finalmente, gracias a su presencia decisiva en al municipio, podían orientar la política económica hacia sus intereses privados
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