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Desde 1976, la dictadura argentina elaboró sofisticados planes de comunicación exterior para contrarrestar la multiplicación de denuncias por violaciones de derechos humanos que se presentaban en los foros internacionales. El presente artículo analiza los lineamientos de sus dos principales planes, examinando puntualmente la puesta en práctica de una de sus tácticas compartidas: la visita de periodistas extranjeros a la Argentina. Aquí se estudian las experiencias contrastantes del español Fernando Vizcaíno Casas y de la francesa Irène Jarry, ambos invitados con el fin de que escribieran artículos positivos para el régimen militaren la prensa de sus respectivos países. Mientras el primero era afín ideológicamente a la Junta, la segunda se mostraba menos alineada, pero permitía articular una atractiva alianza público-privada. Cruzando diversas fuentes, algunas aún prácticamente inexploradas, echaremos luz sobre la implementación de uno de los ejes de esos programas, proponiendo que se constituyeron en estrecho seguimiento del accionar comunicativo de sus opositores.
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