En plena conmemoración de los 75 años de la Declaración de los Derechos Humanos por la ONU (1948-2023), que fijo el 10 diciembre como el día internacional de los DDHH, otrora postura frente a las relacionadas clásicas que concibieron los derechos humanos, es importante desmarcarse del positivismo4 que “atrapo” la naturaleza intrínseca de las personas, tomarse una distancia moderada de los principios de universalidad, progresividad, indivisibilidad e interdependencia, que se proponen como canales legítimos para un trato de pares entre pares, sin que las posturas vanguardistas no por ellas, se perciban como antagonismos, al contrario son expresiones de las realidades, esas que no son las mismas año tras año, se tiene que los derechos estas en acción, por ello, es contraproducente dar construcciones inamovibles cuando los destinatarios precisamente son actores que se movilizan ya fuere por aspectos naturales o derivaciones de conflictos, la población migrante es la que se mueve teniendo aspectos adversos vendidos desde la propia institucionalidad, situación especial que en otras disciplinas de las ciencias sociales, se toma como “problemática” esta es una particular condición de quienes asumen el derecho de movilidad.
Por ende, no se trata debatir a quien compete la puesta de los derechos humanos para una resignificación del orden social, si las institucionalidades están llamadas a replantear el sentido de los derechos humanos que en los actuales conflictos bélicos (Ucrania vs Rusia -2022, Genocidio Gaza -2023), esta cuestionada su valides de universales como lo señalaba Kant.
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