Cada año, como si el mundo no se hubiera movido, Gran Bretaña es el escenario de una inevitable, imprescindible y ancestral colección de acontecimientos sociales que fueron, en el pasado, el marco restringido de la más rancia vida aristocrática. Abierta hoy a quienes puedan y quieran pagar por el prestigio que da figurar en ella, alimentada por el gusto, por la tradición y la nostalgia, la supervivencia de la "Season" (temporada) está asegurada. Quienes la vivieron hace décadas, cuando faltar a alguna de sus citas era un pecado peligroso para la cotización social, dicen que ya no es lo que era. Pero la etiqueta, el champán, los sombreros y las chisteras siguen siendo valores seguros.
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