En la actualidad podemos detectar en las sociedades desarrolladas una tendencia a priorizar el valor moral de la autonomía por encima de cualquier otra consideración. La pandemia de COVID, así como otras crisis que han tensionado el sistema sanitario, nos han enseñado cómo de manera espontánea gestores y profesionales consideran las consecuencias de sus actos. Un cálculo prudente de consecuencias ha matizado el derecho a la autonomía, y la reclamación omnipresente del “yo primero”. En este sentido el utilitarismo no pretende señalar el mayor bien para cada persona, pero sí gestionar el menor mal para la comunidad de personas. Por ello, en un mundo de recursos limitados, calcular las consecuencias de nuestras decisiones es el único camino para dotar de moralidad nuestra actividad profesional. Este cálculo requiere no solo la ponderación de riesgos, sino también una visión imparcial y equitativa.
At present, we can detect a trend in developed societies to prioritize the moral value of autonomy above any other consideration. The COVID pandemic, as well as other crises that have strained the healthcare system, have taught us how managers and professionals spontaneously consider the consequences of their actions. A prudent calculation of consequences has nuanced the right to autonomy, challenging the ubiquitous claim of 'me first.' In this sense, utilitarianism does not aim to pinpoint the greatest good for each individual but rather to manage the least harm for the community of individuals. Therefore, in a world of limited resources, calculating the consequences of our decisions is the only way to imbue our professional activity with morality. This calculation requires not only the weighing of risks but also an impartial and equitable vision.
© 2001-2026 Fundación Dialnet · Todos los derechos reservados