Durante los dos primeros años de vida, el gran trabajo que se les plantea a los pequeños es la consecución de la autonomía e independencia: pasar de una situación de dependencia total y absoluta en relación a los padres y adultos, a una relativa autonomía alcanzada por la adquisición de una serie de destrezas motrices, sociales, fisiológicas e intelectuales. Entre estas destrezas, en las que participamos muy activamente las educadoras, se encuentra el gran reto de controlar esfínteres
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