Fiel a mi estirpe literaria y a mi oficio, permitidme que con esas prisas periodísticas que demandan la urgencia de una crónica, venga a congratularme con vosotros para celebrar y honrar el Centenario de la Academia Peruana de la Lengua, que nos ha convocado a este conversatorio con el afán de considerar, una vez más, el destino de la Lengua que tanto preocupó a los fundadores de nuestras academias.
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