"Yo no creo en las brujas, pero haberlas, haylas", reza un dicho popular. ¡Y vaya si las hay! Hoy, otoño de 1986, aquí, en España, a la vuelta de esa esquina que quizás dobla usted distraídamente tantas veces, en plena ciudad, en una casa como la suya... viven y trabajan unas mujeres abrazadas y al misterio. No son viejas, ni tienen la nariz ganchuda. De puertas afuera, son como las demás. Estudian, se casan, tienen hijos, van al mercado... Y, sin embargo, son bien distintas. Se sienten poderosas. Su devoción a los espíritus y al mundo esotérico les permite manipular las fuerzas "naturales" para influir en las mentes de los hombres, modificar sus conductas e incluso decidir su destino. Haberlas, haylas. Creer -también-, cada vez son más los que creen en ellas.
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