Se estudia en primer lugar la figura del consejero dominical, atendiendo a su origen normativo, evolución y su regulación en Derecho español y comparado. De especial interés resulta el debate doctrinal sobre esta figura, concluyendo, frente a quienes defienden que el consejero dominical ostenta un estatuto jurídico cercano al del representante o mandatario del accionista significativo que le designa, la existencia de un único régimen jurídico para todos los consejeros (ejecutivos, independentes y dominicales), sin diferencias por categorías, debiendo desempeñar el cargo en condiciones de igualdad con cumplimiento de los deberes generales de diligencia y lealtad y los concretos de confidencialidad e independencia de criterio.
En la segunda parte, se plantea si los consejeros designados por una entidad pública en el consejo de una sociedad cotizada presentan singularidades de régimen, precisamente por la naturaleza pública del accionista significativo. Según las normas de Derecho público, el Estado podrá intervenir en actividades económicas a través de instrumentos de naturaleza pública o privada, conformando en conjunto el patrimonio público empresarial. Aún tratándose de entidades con forma jurídico-privada, la posibilidad de intervención del Estado en su gestión dependerá de si están íntegra o mayoritariamente participadas o, con un porcentaje minoritario. Si la participación en la sociedad cotizada fuera significativa, la entidad pública titular de las acciones tendrá, como cualquier otro inversor, la facultad de designar a un consejero dominical, el cual tendrá el mismo estatuto jurídico que el resto de los consejeros. La única singularidad normativa en este caso, reside en que el consejero dominical designado por una entidad pública estriba podrá ser una persona física o jurídica, posibilidad vetada en otros casos, ya que los consejeros de sociedades cotizadas deben ser necesariamente personas físicas.
The first part studies the figure of the proprietary director, taking into account its regulatory origin, evolution and its regulation in Spanish and comparative law. The doctrinal debate around this figure is of particular interest. The conclusion is, contrary to those who defend that the proprietary director has a legal status close to that of the representative or agent of the significant shareholder who appoints him, the existence of a single legal regime for all directors (executive, independent and proprietary), without differencing them by category, who must perform their duties under conditions of equality, as well as comply with the general duties of diligence and loyalty and the specific duties of confidentiality and independence of judgment.
The second part studies whether directors appointed by a public entity to the board of a listed company present regime singularities, precisely because of the public nature of the significant shareholder. Under public law rules, the State may intervene in economic activities through instruments of a public or private nature, together making up public corporate assets. Even in private-law entities, the possibility of State intervention in their management depends on whether they are wholly or majority-owned or with a minority shareholding. If the shareholding in the listed company is significant, the public entity holding the shares will have, like any other investor, the power to appoint a proprietary director, who will have the same legal status as the rest of the directors. The only regulatory singularity in this case is that the proprietary director appointed by a public entity may be a natural person or legal entity, a possibility vetoed in other cases, since directors of listed companies must necessarily be natural persons.
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