Es el plan preferido para la tarde de millones de españoles. El juego más controlado, aséptico y familiar de cuantos se celebran en salas especiales. Y el que más dinero ingresa, y a un menor coste, en las arcas del Estado. Sin embargo, su supervivencia peligra: los impuestos autonómicos han provocado la primera y fuerte caída de compra de cartones, que ha arrastrado consigo al cierre de decenas de salas y la pérdida de miles de puestos de trabajo. Y la única posible solución, el cartón mínimo de 200 pesetas, puede llegar tarde.
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