De la vida de Cristóbal Balenciaga se conoce muy poco. El enigmático y afamado diseñador de moda se preocupó siempre de llevar una vida discreta, lejos del ruido y los focos que paradójicamente rodean el mundo de la moda. Sin embargo, basándose en una de las pocas entrevistas existentes que le hiciera la periodista de moda Predence Glynn (Gemma Whelan), los directores Aitor Arregui, Jon Garaño y José Mari Goenaga (la trinchera infinita) hilvanan un relato serial, cuidando cada uno de los detalles como si de una prenda de alta costura se tratara, que comienza con la llegada de Balenciaga a París, y que describe el ascenso, no libre de obstáculos, de un diseñador obsesionado por encontrar su propio estilo, así como por llevar una reservada vida íntima. Esta complejidad inherente al personaje es encarnada a la perfección por el actor Alberto San Juan, quien parece hablar más con su mirada y sus silencios que con sus palabras, y cuya interpretación se asienta tanto en un extraordinario diseño de vestuario y maquillaje como en un potente lenguaje de cámara -con Javier Aguirre Erauso a la cabeza-, que destaca por su aire nostálgico, sus gestos expresivos y motivos visuales sugerentes.
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