Ya el libro del Génesis nos informa de que, al inicio de todo, en la creación del mundo, el Espíritu aleteaba sobre las aguas, como incubando el caos que la Palabra divina transformaría en orden, en luz, en vida. Desde ese entonces eterno, guiando a los Patriarcas, despertando a los Jueces, conduciendo a los Reyes y a través de los Profetas, empujando a Jesús, derramándose sobre la Iglesia naciente, orientando a Pablo, alentando a los mártires, etc., el Espíritu Santo se ha hecho presente en la historia de los hombres, en la vida del mundo.
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