La famosa jaima instalada dentro de la fortaleza de Bab el Azizya, en Trípoli, se ha derrumbado. El marco preferido por Muammar el Gadafi para "escenificar" sus espectaculares apariciones públicas, para presentarse ante los sorprendidos ojos del mundo como un líder mesiánico, presto a defender a sangre y fuego los principios del Islam, no ha sido capaz de resistir el empuje de la realidad, encarnada por las bombas norteamericanas dispuestas a vengar a las víctimas de tantos y tantos atentados terroristas apadrinados por el prepotente líder de la revolución libia.
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