Los veintinueve jóvenes Kennedy, tercera generación de una familia que ha fascinado a América como no lo ha conseguido nadie más, eran, ciertamente, como los periódicos les llamaban a menudo, los "hijos de América". Pero, por encima de todo, eran Kennedy. Dicho en boca del joven David F. Kennedy: "Somos exactamente iguales que cualquier otra persona, sólo que mejores".
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