Madrid, España
Los aztecas cultivaron el arte de la propaganda con gran éxito. Casi todo lo que sabemos sobre sus orígenes, sus dilatadas peregrinaciones y su asentamiento final en el centro del lago de México, procede de sus propios relatos y está destinado a justificar su posición hegemónica en el México central inmediatamente antes de la llegada de los españoles. La fundación de la ciudad se produjo en el centro de un lago cuyas orillas estaban plagadas de ciudades, algunas con un importante peso y tradición, como Azcapotzalco, Texcoco o Coyoacán. Dado esto, no es de extrañar que un mito relate el porqué del lugar de la fundación en un espacio aparentemente inhóspito. El mito ha perdurado en el escudo de México, pues se centra en el águila sobre el nopal devorando una serpiente, lo que indicaba la elección del dios Huitzilopochtli, cabeza del panteón azteca. Sometidos aún al dominio de sus señores, el designio del dios les permitía tener su propia ciudad, cuyo nombre respondía al significado del presagio, puesto que Tenochtitlan significa “el lugar del nopal sobre la piedra” o “el lugar del nopal silvestre”. Fundada sobre un conjunto de islas, la ciudad de Tenochtitlan se enfrentó a diferentes desafíos, tanto logísticos como políticos, y lo hizo con un éxito considerable.
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