A pesar de haber nacido en Carrión de los Condes, en mitad del páramo castellano, Ramón Carande (1887-1986) se convirtió en un sevillano más, una figura paradigmática de las calles de Sevilla, con su bastón, sus andares rápidos y su melena al viento. La ciudad y sus gentes le cautivaron desde que llegó en 1918 y ya nunca quiso marcharse. Fueron noventa y nueve años de vida cargados de sabiduría y experiencias que este historiador excepcional supo transmitir con gracejo y humanidad entre quienes tuvieron la suerte de tratarlo.
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