Si contemplamos la situación de la economía mundial en estos momentos del invierno de 1985-86, observamos tres realidades muy importantes que provocan alteraciones esenciales en el funcionamiento de cada economía nacional. La primera es el progreso general que empieza a adivinarse en diversos escenarios de la economía occidental, y muy especialmente de la europea. Otra es la caída de los precios del petróleo que conmociona en estos momentos a la opinión internacional y que plantea nada menos que una reconstrucción de los diversos planes energéticos. Finalmente no es posible ignorar la baja vertiginosa en la cotización del dólar, con lo que se plantea también la conexión de cada economía nacional con el juego de la norteamericana.
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