El deudor moroso experimentado sabe que cuanto más retrase el cumplimiento de su obligación, mayores beneficios obtendrá ya que el tiempo juega siempre a su favor. Por lo tanto, el moroso contumaz procurará torear al acreedor todo el tiempo que le sea posible puesto que, además de obtener un beneficio financiero al retrasar los pagos, intentará librarse para siempre de su obligación gracias al instituto jurídico de la prescripción extintiva; o bien, que el acreedor acabe desistiendo y abandone los intentos de recuperar su crédito impagado; de modo que el acreedor de facto le condonará la deuda al moroso recalcitrante.
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