La historia nos recuerda que la utilización del control biológico contra plagas, sin más, puede conducir a resultados catastróficos.
En el siglo XIX, los cazadores australianos debían estar aburridos con las piezas que abatían y decidieron introducir conejos para diversificar su deporte. Unos cien años después, los conejos se habían convertido en una plaga de miles de millones de individuos que devastaban todo tipo de vegetales y arruinaban las explotaciones de agricultores y ganaderos.
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