El asedio y la toma de la villa de Fuenterrabía por parte de las tropas franco-navarras formó parte de un gran proyecto de Enrique II de Navarra y Francisco I de Francia para rematar la conquista de Navarra y debilitar a Carlos I. La nula capacidad económica del monarca navarro y los muchos frentes abiertos por Francisco I tuvieron como consecuencia la pérdida de todo lo conseguido en octubre de 1521. Para los legitimistas navarros esta fue la última campaña militar en la que participaron de manera directa, y la rendición de la villa en febrero de 1524 supuso su vuelta a casa tras más de una década de guerra. Navarra y sus gentes comenzaron desde entonces la fase de adaptación a la nueva estructura que los había conquistado y anexionado.
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