Un año de Anuncios es, para cuantos hemos hecho este periódico semana a semana, un año de trabajo ilusionado. Recordar ahora la tensión de los cierres, la satisfacción de las primicias, el agobio de noches enteras de trabajo en los primeros meses y, por qué no, ese premio que vino a halagar nuestro ego, es, quizá, una concesión al narcisismo, pero en todo caso un disculpable ejercicio de revisión, balance y saldo. Sobre todo cuando la coartada es tan justa y razonable como nuestro primer aniversario, el primer año de Anuncios
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