La expresión "ética política" es una paradoja. Se la puede considerar redundante, si entendemos el término "política" de un modo amplio, como significativo de lo societario en general. En ese sentido no hay más ética que la política, no existe una ética privada en sentido estricto. Los llamados "deberes para conmigo mismo" carecerían de sentido si el hombre no fuera un ser social. Y, además, no hay ningún comportamiento humano "meramente" privado, pues toda acción exige apertura al otro o al lo otro.
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