Lejos quedan ya aquellos momentos que hicieron posible que Colin Clark profetizase que, para 1960, la Argentina ocuparía el cuarto puesto en cuanto al Producto Interior Bruto por habitante entre las naciones más ricas del mundo. Por el contrario, la República Argentina, pese a sus innegables riquezas naturales, se ha convertido en el tercer país iberoamericano si hablamos de hiperinflación. Su deuda externa ronda los sesenta y un mil millones de dólares y sólo el pago de los intereses, ahora reanudado después de dos años, dificulta cualquier progreso económico.
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