En los últimos años vimos la aparición de masivos movimientos feministas en varios países. Se convocaron huelgas de mujeres que cuestionaron la violencia de género y se exigieron derechos reproductivos. Se abrió el debate sobre el trabajo de reproducción en los hogares, sobre la feminización de la pobreza, o las intersecciones entre patriarcado, racismo y capitalismo. La pandemia mostró que las mujeres trabajadoras más precarias eran esenciales, junto a sus compañeros. El movimiento de mujeres y disidencias sexuales expresó un cambio profundo en las formas de pensar, especialmente en la juventud. En el polo opuesto, sin embargo, reaparecieron corrientes patriarcales reaccionarias, antiderechos y transfóbicas. Más recientemente, se ha producido en varios países una importante institucionalización y pasivización de los movimientos, algo en lo que jugaron un papel clave las burocracias y los partidos reformistas.
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