Desde la llegada de la Misión Artística Francesa a Río de Janeiro (1816) hasta la Semana de Arte Moderno (1922) y la inauguración de la primera edición de la Bienal de São Paulo (1951), una gran parte de la producción artística y sus instituciones desarrollaron discursos de amestizamiento, a partir de estrategias de desidentificación de las experiencias de subjetividad múltiples del país, con el propósito de sostener la imagen de un Brasil sem linha de cor y sus respectivos privilegios. El presente artículo tiene como objetivo elaborar una reflexión en torno a las discusiones que artistas, investigadoras, curadoras, historiadoras y críticas están actualmente llevando a cabo acerca de las problemáticas inscritas en dicho proceso de amestizamiento, orientado según las lógicas del canon moderno-colonial del arte y el mito fundacional de la democracia racial.
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