Hace cuatro décadas, los jóvenes de entonces no soñábamos con que Aguascalientes contara con una universidad, ni pública ni privada. Los egresados de la preparatoria, en 1970, no teníamos más que tres caminos: 1) Emigrar hacia las principales ciudades de México e inscribirnos en una universidad. 2) Permanecer en Aguascalientes y cursar una de las dos primeras licenciaturas que impartía el Instituto Autónomo de Ciencias y Tecnología (iact). 3) Suspender los estudios y dedicarse a buscar un trabajo.
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