En la última década ha habido un incremento del interés por esta área de estudio, lo que se ha puesto de manifiesto en el aumento de las publicaciones científicas, en los cambios legislativos, en la creación de los comités de ética de la investigación y en la consolidación de oficinas de integridad y responsabilidad. Tanto en el ámbito nacional como en el internacional, la responsabilidad e integridad de las investigaciones es esencial para llevar a cabo la comprensión de su excelencia. Una garantía de ello es su realización dentro de un marco de ética de la investigación.
La investigación es un proceso que puede ser comprendido en tres momentos: todo lo que acontece antes de llevarla a cabo, lo que sucede durante su aplicación y las consecuencias que se derivan de ella. En el diseño de la investigación se plantean las siguientes etapas: el estado de la cuestión del tema, la revisión bibliográfica, la elaboración del marco teórico, la hipótesis, los instrumentos que se utilizarán, la selección de las muestras, ya sean sujetos participantes y/o especies, la preparación de permisos, los consentimientos informados, los laboratorios con medidas de bioseguridad, etc. Por otro lado se tiene en cuenta lo que ocurre cuando se aplica esta investigación, se realizan intervenciones clínicas y no clínicas, se recogen y analizan los datos, y se indaga en la bibliografía seleccionada. Finalmente, se obtienen unas conclusiones que deben refutar o confirmar las hipótesis planteadas, si se ha partido de ellas, y se divulgan los resultados, ya sea mediante la publicación en repositorios, mediante la elaboración de comunicaciones o a través de la publicación de papers. Por tanto, asumiendo la complejidad del proceso investigador, la influencia de la acción humana y su condición moral, resulta relevante analizar qué es la ética de la investigación y cuál es su relevancia.
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