Para alcanzar el objetivo de la plena descarbonización del sector del cemento, y en consecuencia también la del hormigón, resulta imprescindible la transición a cementos con menor contenido de clínker. La sustitución de los tipos de cemento actualmente en uso por aquellos con menor huella de carbono conducirá irremediablemente a un ajuste en el hormigón. Sin embargo, existe suficiente tecnología de aditivos para permitir esta transición salvando los obstáculos técnicos que esto presenta que, generalmente, son el control de la viscosidad y de la demanda de agua (y el mantenimiento de consistencia en el tiempo) y el desarrollo de resistencias iniciales para permitir el desmoldeo, especialmente en invierno. (…)
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