Nueve años después de la intervención francesa en Mali, el extremismo violento sigue propagándose en el Sahel, mostrando una notable resiliencia a pesar de los esfuerzos de prevención y lucha contra el radicalismo por parte de gobiernos locales y actores internacionales. El yihadismo, que parecía estar limitado al norte de Mali hace unos años, ahora se extiende al 75 % de su territorio, además de afectar a Burkina Faso y Níger con un aumento, en el conjunto del Sahel, de un 70 % en el número de acciones yihadistas.
Ahora bien, la complicada situación en la que se encuentra El Sahel en unos momentos en los que la Operación Barkhane está llamada a llegar a su fin en el año 2022 en favor de un nuevo despliegue militar más modesto, hace que nos planteemos diversos interrogantes sobre el futuro de la seguridad en la región, como pueden ser, ¿Cuál es la situación actual de los diversos grupos yihadistas que operan en el Sahel? ¿Cuáles son las consecuencias de la retirada de la Operación Barkhane en la seguridad regional? ¿Hasta qué punto los gobiernos regionales y, principalmente la junta que gobierna Mali, es capaz de responder a los numerosos desafíos de seguridad? ¿Qué alternativas o posibles soluciones se plantean al creciente deterioro que sufre la región en unos momentos en los que nuevos actores externos, como es el caso de Rusia están apareciendo en el horizonte?
Nine years after the French intervention in Mali, violent extremism continues to spread in the Sahel, showing remarkable resilience despite efforts to prevent and combat radicalism by local governments and international actors. Jihadism, which seemed to be limited to northern Mali a few years ago, now extends to 75% of its territory, in addition to affecting Burkina Faso and Niger with an increase, in the Sahel as a whole, of 70% in the number of jihadist actions, and with Burkina Faso as the main focus.
The complicated situation in which the Sahel finds itself at a time when Operation Barkhane is called to come to an end in 2022 in favour of a new, more modest military deployment, makes us ask ourselves various questions about the future of security in the region, such as, What is the current situation of the jihadist groups operating in the Sahel? What will be the consequences of the of Operation Barkhane’s withdrawal on regional security? To what extent regional governments and, more specifically the junta that governs Mali, is capable of responding to the numerous security challenges? What alternatives or possible solutions come up to the growing regional deterioration at a time when new external Actors, such as Russia, are appearing on the horizon?
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