El proceso sinodal que estamos transitando solo es posible desde el ejercicio del discernimiento personal y en común, que requiere la búsqueda sincera del querer de Dios. Escuchar la Palabra del Espíritu para nuestra Iglesia requiere una dinámica comunicativa que nos descentra de nuestro propio amor, querer e interés, para disponernos a esa escucha activa, profunda, consciente, que no deja fuera ninguna intuición, que acoge tensiones y teje horizontes.
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