De pronto surgió un gran clamor nacional. Los tres millones de parados hicieron volver los ojos hacia un párrafo escrito en 1881 en su "Essai sur le reapartition des richesses" por el célebre profesor del Colleege de France, Paul Leroy-Beaulieu, tan significativa y pintorescamente denigrado por nuestro Manuel Azaña. Decía este insigne economista francés que "no es generalmente la remuneración insuficiente lo que constituye... el malestar social de nuestros días, sino lo precario del empleo".
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