La primera definición de la patología asma fue concebida por el médico Areteo de Capadocia quien la definió como: “si corriendo, al hacer gimnasia o cualquier otro trabajo, la respiración se vuelve dificultosa, eso se le llama asma”. No obstante, no fue sino hasta 1860 que se empezaron a descubrir los posibles desencadenantes de los ataques gracias a Henry Hyde Salter en su publicación “On Asthma, its pathology and tratment”.
El asma se caracteriza por la obstrucción de las vías respiratorias (obstrucción bronquial), debida al estrechamiento de la pared bronquial y a la contracción de los músculos que rodean los bronquios. Estos episodios pueden revertirse de forma espontánea o aplicando fármacos broncodilatadores (principalmente se usa la Budesonida y el Bromuro de Ipratropio). (American Academy of Allergy, Asthma & Immunology, 2019).
Los pacientes asmáticos poseen una sensibilidad bronquial mayor que los de una persona sin esta patología. Estos pacientes al estar expuestos a ciertos estímulos desencadenan espasmo bronquial. Un mismo desencadenante de asma puede provocar diferente clínica desde broncoespasmo a crisis fatal debido a que el asma comprende patologías con comportamiento estocástico.
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