Vicente López Portaña requiere de una revisión de su arte, por otra parte, decisivo para la configuración de la plástica de finales del siglo XVIII y del primer tercio del siglo XIX. Su etapa valenciana (1792-1814), tras su periodo de pensionado en Madrid, y hasta que marcha a la Corte como pintor de cámara, es la clave de su posterior éxito, sin embargo, resulta ser la menos tratada. Se presenta nueva documentación y nuevas lecturas de la pintura de Vicente López, al analizar la teoría estética de Mengs y Winckleman y el papel que ejerció la oligarquía eclesiástica, municipal y militar, como mecenas de su arte.
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