Hoy se impone un modo de producción en el que vida y trabajo están cada vez más estrechamente asociados. Para estudiar esta nueva situación, es necesario un cambio radical en la forma de observar y examinar los procesos culturales: pasar de un enfoque centrado en la economía, polarizado en la producción, a un enfoque centrado en la cultura, centrado en la distribución, el consumo y el uso. Se trata de considerar las industrias culturales como un sistema en el que se integran quienes trabajan directamente en actividades creativas, como artistas, músicos, dibujantes, decoradores, fotógrafos, escritores, etc.; y otros cuya profesión no está, en principio, inmediatamente relacionada con la esfera artística e intelectual. Es necesario dar un vuelco al análisis tradicional de la relación entre arte e industria, para el que la fabricación de productos apela a servicios como el turismo, la publicidad o el diseño, para anexionarlos a su esfera no cultural; para entender cómo, por el contrario, las actividades industriales se están subordinando prácticamente a ellas hasta el punto de convertirse casi en un subconjunto de las industrias creativas y su tejido de microempresas. Todas estas prácticas vinculadas a la perspectiva cultura-céntrica remiten a una concepción de la cultura que implica todo lo que puede promover una existencia que quiere ser singular y plural al mismo tiempo. Se trata de una concepción de la cultura que convierte la vida en un objeto político, es decir, que hace que cada uno se centre en sí mismo, en lo que es capaz de hacer, pero de tal manera que la cuestión del arte de vivir es una cuestión de puesta en prueba de sí mismo y, al mismo tiempo, una cuestión de relación con los demás.
Today a mode of production emerges and asserts itself in which life and work are increasingly closely associated. To study this new situation, a radical change is needed in the way of observing and questioning cultural processes: the transition from an economic-centric approach, polarized on production and the economic dimension, to a cultural-centric approach focused on distribution, consumption and use. It is a question of considering, namely, the cultural industries as a system where both are integrated together: those who work directly in creative activities such as artists, musicians, cartoonists, decorators, photographers, writers, etc.; and others whose profession is in principle not immediately close to the artistic and intellectual sphere. It is, therefore, a question of overturning the traditional analysis of the relationship between the arts and industry for which the realization of products is linked to services such as tourism, advertising and design, to annex them to its non-cultural sphere; to understand how, on the contrary, it is industrial activities that are becoming practically subordinate to them almost to the point of turning into a subset of the creative industries and its fabric of micro-enterprises. The set of practices selected and highlighted on the basis of the cultural-centric perspective then corresponds to initiatives that refer to a conception of culture that involves everything that manages to promote an existence that wants to be both singular and plural. Able to make life a political object: to focus attention on oneself, on what one is capable of doing, but in such a way that the question of the art of living is at the same time put to the test of oneself and relationship with the other, with others.
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