Este artículo trata de profundizar en la importancia del dibujo y de la intencionalidad que provoca la acción de dibujar. Y alegar, al mismo tiempo, que el dibujo es un recurso que nos permite comprender el mundo y también crearlo.
Otorgar al dibujo el papel de vínculo entre el pensamiento y la realidad, permitiéndonos expresar fenómenos que pertenecen a nuestro mundo interior, creando otra realidad visible.
Siendo ésta la actitud del artista que, a través de sus obras, en ocasiones ha adoptado métodos científicos y matemáticos, como la perspectiva y el estudio de la iluminación, en un acercamiento hacia la realidad para constatar cómo es el mundo que le rodea, definirlo mediante una forma, y comprobar qué lugar tiene en él, teniendo como principal referencia al cuerpo como medida en relación al espacio. Y experimentando con líneas y formas para recrear una ilusión, utilizando a la línea como herramienta potente, medible y previsible, con capacidad de penetrar en la realidad permitiéndonos dibujar en el espacio.
Todo esto bajo dos circunstancias inherentes al ser humano: el pensamiento espacial que nos permite crear imágenes complejas y tridimensionales, y la percepción de la realidad, concerniente al mundo particular que provoca diferentes interpretaciones.
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