La fase inicial de la Guerra de Flandes es considerada hoy por los expertos como una guerra civil. Lejos de la imagen tradicional de una revuelta nacional, se trató de una contienda en la que, además de las tropas españolas del duque de Alba y Requesens, y de los mendigos y lansquenetes de Guillermo de Orange, se enfrentaron flamencos católicos o protestantes, o realistas y orangistas. La población civil colaboró activamente con ambos bandos, sobre todo con el rebelde, y sufrió las consecuencias de la guerra de diversas formas.
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