Con el centenario de Iris, de Mascagni, y de Fedora, de Giordano -dos títulos que viven un saludable renacer-, el estilo conocido como verismo cumple cien años. La inmortalidad de los principios estéticos impuestos por esta escuela operística, hacen que, después de un siglo, el verismo goce de una espléndida salud. Con orígenes literarios en el naturalismo francés, pone en solfa la vida diaria a través de la multiplicación de personajes secundarios.
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