Establecer contacto por primera vez con una ópera de Philip Glass es como romper el hielo ante una forma del espectáculo lírico que contradice todos los hábitos del aficionado. Se tiende a encasillar la creación artística dentro de esquemas conocidos y respetados, pero ante la obra de un músico que utiliza materiales nuevos y busca espacios no hollados aún, la situación puede llegar a ser desconcertante. En una época ansiosa de información, una propuesta operística con escasísimas referencias textuales para traducir su significado parecería condenada al fracaso; sin embargo, el teatro musical de Philip Glass se representa con éxito en todo el mundo.
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