Figlio d'arte, acunado entre bambalinas, testigo de primera fila de las proezas vocales de la época, desde Maria Callas a Jussi Bjoerling, alumno de canto por tres años de su padre, aprovechaba sus vacaciones para saciar su sed de teatro. Giancarlo Dl Monaco no podía ser, no quiso ser, otra cosa que director de escena.
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