Estados Unidos
En este artículo desarrollo un relato sobre el genio, inspirado en los escritos de Kristeva acerca del genio femenino, para argumentar que ciertas personas enfermas y discapacitadas deberían ser consideradas genios frente a las condiciones sociales y las prácticas médicas que con demasiada frecuencia las marginan, restringen y silencian. En contraste con la noción de genio femenino de Kristeva, que se basa en una historia de desarrollo edípico, sostengo que deberíamos entender el genio como (1) la revuelta íntima de (2) un sujeto singular que (3) ocupa una posición social marginada y que, a través de su revuelta, (4) crea una obra. Concebir el genio de este modo, afirmo, abre la posibilidad de reconocer el genio kristeviano desde posiciones marginadas distintas a la de las mujeres, sin dejar de ser fiel al relato de Kristeva sobre lo íntimo.Una vez desarrollado este relato, sugiero, a modo de ejemplo, que Susan Wendell es uno de esos genios. Por último, paso a argumentar que, si nos tomamos en serio la teoría de la semiótica de Kristeva, podemos descubrir genios entre las personas con “discapacidades cognitivas graves”, y pongo como ejemplo a Sesha, la hija de Eva Kittay. Espero que este concepto nos ayude a prestar atención a los logros singulares de quienes se enfrentan a la exclusión y el silenciamiento como consecuencia de una enfermedad o discapacidad.
In this article, I develop an account of genius inspired by Kristeva’s writings on feminine genius in order to argue that certain ill and disabled people should be considered geniuses in the face of social conditions and medical practices that too often marginalize, restrict, and silence them. In contrast to Kristeva’s notion of feminine genius, which relies on an Oedipal developmental story, I argue that we should understand genius as (1) the intimate revolt of (2) a singular subject who (3) occupies a marginalized social position and who, through their revolt, (4) creates a work. Conceiving of genius in this way, I contend, opens up the possibility of recognizing Kristevan genius from marginalized positions other than that of women while remaining true to Kristeva’s account of the intimate. Having developed this account, I offer an example by suggesting that Susan Wendell is one such genius. Finally, I move on to argue that, by taking Kristeva’s theory of the semiotic seriously, we may discover genius among those with “severe cognitive disabilities,” and discuss Eva Kittay’s daughter, Sesha, as an example. My hope is that this concept may help us be attentive to the singular accomplishments of those who face exclusion and silencing as a result of illness or disability.
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