La profunda reforma operada en el Código Penal por las Leyes Orgánicas 5/2010 y 1/2015, se caracteriza, con carácter general, por su severidad, continuando con la tendencia de aumentar las conductas delictivas o agravar la penalidad de las existentes. Sin embargo, en una materia tan sensible como el tráfico de drogas la reforma se caracteriza por una rebaja de algunos límites máximos de prisión y por una mayor flexibilidad en la aplicación de algunas penas, lo que permitirá una más correcta individualización judicial de las mismas. Esto es así hasta el punto de que la necesidad de revisar las condenas a un buen número de narcotraficantes provocó una cierta alarma social.
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