En la isla de Menorca, sus dos villas, Ciudadela y Mahón, a comienzos del siglo XVI estaban defendidas por murallas ballesteras, no aptas para resistir el ataque de la artillería, como quedó patente cuando Barbarroja, en 1535, entró con sus galeras en el puerto de Mahón, sitió la ciudad y abrió brecha en sus murallas con facilidad, apresando a casi la totalidad de sus ciudadanos. En 1558 ocurrió lo mismo en Ciudadela, cuando Pialí atacó la capital de la isla, llevando cautivos a Constantinopla a casi todos sus habitantes.
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