Por muchos siglos, tanto para la Iglesia, como para la sociedad, la juventud no “existía”, no era considerada como un “grupo social”. Fue a través de la educación no-formal por donde la Iglesia entró a la evangelización de la juventud. El autor intenta hacer una lectura de cómo la Iglesia se dedicó y se dedica a la evangelización del mundo juvenil. Una tarea que exige una clara visión del modelo de Iglesia, de Sociedad, de Mundo y de Joven que deseamos ayudar a construir.
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