La familia como Iglesia doméstica, para cumplir con su cometido de ser comunidad de fe, amor y vida, ha de superar todo individualismo y egoísmo presente en la sociedad actual, para lograrlo es importante que se vincule a la parroquia, a la comunidad y a otras comunidades en las que sea fermento de comunión y de participación. Para ayudarla la Iglesia debe impulsar todos sus esfuerzos pastorales para que siga siendo la primera escuela de la fe de los discípulos misioneros del Señor Jesús
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