La enfermedad degenerativa articular (EDA) suele ser de origen primario en el gato, una especie en la que la incidencia de esta dolencia es muy elevada: puede superar el 61 % en pacientes de más de 6 años, y el 90 % en los de hasta 20 años.
El dolor se manifiesta con cojera, aunque menos evidente que en la especie canina, y también con cambios en el comportamiento rutinario (ausencia de juego, hiporexia), a los que debemos prestar especial atención durante la anamnesis. Estreñimiento, vocalización y seborrea seca son también signos habituales.
El diagnóstico y el tratamiento temprano se han convertido en el objetivo fundamental para el estudio de la osteoartrosis felina en la actualidad, sobre todo si tenemos en cuenta que podemos frenar la EDA, pero no regenerar las articulaciones afectadas. Además, el dolor crónico es una enfermedad per se, que cronifica el cuadro clínico. Para el tratamiento de esta enfermedad, es recomendable un enfoque multimodal, con el objetivo de controlar el dolor y la inflamación.
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